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En el nuevo milenio Las Mujeres deben de ser escuchadas






Estelle Roberts

No hay nada que os puede parar ya, nada. Ojalá pudiéramos enseñaros lo mucho que hemos esperado la llegada de este momento tan magnífico. Para que vierais lo único que es y por lo tanto lo valiosísimo. Ojalá os llenara de alegría este momento igual que a nosotros nos llena. Ha sido predicho en cierta noche en pleno verano, no por un hombre de este mundo sino por uno del espíritu, quien habló abiertamente sobre la victoria de la mujer. Predijo que sería un acontecimiento y un comienzo magnífico, aunque atenderían pocos y su número sería modesto. Y a partir de ese momento, mis queridas amigas, nada puede acallar ya la dulce voz del espíritu nunca más. ¡Nada! Hablad; hablad queridos almas míos, y declarad vuestras maravillosas verdades de ahora en adelante, sin miedo. ¿Quién puede haceros callar ya? Os digo que Dios Misma no lo permitiría.

En los días que frecuentaba las salas del mundo, gozando de cierto estimo y cierta fama, según algunos, ya que en el Royal Albert Hall raras veces quedaba un asiento libre durante las actuaciones. Sin embargo, me llegaron amenazas, cartas escritas por los párrocos más altos de la Iglesia de Inglaterra, diciéndome que me callara. Sí, en serio, os hablo de amenazas serias, de índole grave, queridas mías. Amenazas del tipo "Como siga blasfemando se le considerará enemigo número uno del Cristo, y desataremos fuerzas para aniquilarle."

¿Qué es lo que estaba haciendo yo? Pues, simplemente expresando la verdad tal y como me llegaba a mi mente a través del Señor de la Luz. Yo simplemente veía los dulces almas suplicándome que transmitiera sus noticias y las cosas que tenían que decir a sus seres queridos aquí en el plano terrenal. Y yo estaba más que dispuesto a transmitirlos, y contemplaba cómo brotaba el amor en los auras de aquellos que lo recibieron, igual que lo estoy viendo aquí esta noche.

Pero os digo, queridas mías, que tomen nota de este evento, tomen nota. Os digo que inicia un ciclo durante el cual nada ya parará el flujo de verdad procediendo de la boca de cualquier mujer hacia el mundo. No teméis la desaprobación de sus parejas. Por mucho que la expresen, pues será como si no hubieran dicho nada. En otras palabras, aunque os digan "No te creo ", o

"sabes muy bien que estás loca de remate", o "¿por qué estás diciendo esto?" , o "te lo estás inventando ", o cualquier pretexto que utilicen, lo que notarás es el ímpetu, el ímpetu de pararte. Y es el ímpetu colocado ahí por la Madre Divina misma. No va a dejar que nadie le acalle ni la amordace en ninguna parte, y menos todavía a través de una de Sus hijas. ¿No veis como se está subiendo el estándar?, incluso ahora mismo, mientras estoy hablando. Estoy aquí para anunciarlo, y muy privilegiada además de tener la oportunidad de hacerlo.

Queridos almas míos, no me malinterpretéis. Esto no es ninguna guerra, y menos una batalla contra el hombre, ¡Dios nos libre! ¿No estamos más que hartas ya de batallas? Es justo el contrario: es la liberación del hombre. Por que por fin sus mujeres les podrán decir la verdad sobre ellas mismas. E insto a vosotras, tan valientes todas, a que hagáis justamente esto.

Una por una vais a ver como se sueltan vuestras lenguas. Una por una vais a descubrir una valentía que no teníais antes. Una por una vais a decir esas dulces verdades tan dulces que siempre habéis sabido en el más profundo de vuestros almas, sorprendidas por vuestra audacia. ¡No puedo esperar! queridas mías. Estaré observando a cada una de vosotras. Decidlas, y decidlas con claridad. Confiad en vuestra naturaleza de mujer, y que lo que se dice se dice porque viene por amor. ¿De qué cosa estáis hechas sino de amor?

O, no sabéis bien lo mucho que he esperado el venir aquí y hablaros de esta forma. Pero no podía hacerlo hasta que no llegara el momento apropiado. Os digo que me siento como Cenicienta esta noche. Y el reloj no dará las doce para mí (riéndose entre dientes) No, no señoras, ni para mí ni para vosotras. Al contrario: las luces se encienden de nuevo. Bailemos entonces. Bailemos en esta sala maravillosa que es la vida.

Un acontecimiento tan memorable como este no ha tenido lugar durante miles de años. Arranca, pero no termina. Porque hete aquí que ahí, los mavantaras son ciclos grandes que se extienden más allá de los cálculos humanos, como confirmarán los grandes Hindúes. Antes de que esta cosa termine, y no terminará, todas vosotras habrán, digamos, ascendido a la luz y la libertad. No vais a tener que preocuparos más por volver a una jaula de prisión.

Uno de los fenómenos más interesantes de todo este proceso será la intrepidez de tus actos. Os aviso. En otras palabras, si antes, ayer, quizás sentías "Bueno, me gustaría decir tal y tal pero la verdad es que no me atrevo. ¿Que pensará él? ¿Me dejará? Pues de repente no tendrá importancia. No tendrá importancia alguna. Y es precisamente esa actitud de ni me va ni me viene que cargará tus palabras con magia. ¿No lo veis? Ya no estaréis hablando con el miedo detrás de cada palabra. Estaréis hablando desde la esencia. No lo podrás remediar ni parar. Hasta la más tímida de vosotras que prefiere quedarse atrás diciendo "A ver primero lo que hacen mis hermanas. Yo no me veo haciendo estas cosas, no con el ogro de marido que me ha tocado, la verdad que no." Muy bien. No hay prisa. Tenéis la eternidad.

Pero es por profecía que os digo que llegará el día cuando cada una de las mujeres presentes aquí, además de cada mujer que has conocido alguna vez o conocerás, que cada una hablará libremente, y su voz de inmediato será reconocida como la voz de la revelación. Así era antes y así será otra vez. Está tan lejos en la memoria humana que nadie se acuerde ya. Tan lejos que sé que mis palabras puedan extrañar, incluso puede que suenen como un lenguaje extraño que no entiendes. Ya veréis como el tiempo me da la razón. El tiempo, ese gran curandero, de hecho demostrará que estoy en lo cierto.

Es preciso que habléis con Mamá. Llama a tu Madre. Tu Madre Divina. Y rézale:

O dulce Madre misericordiosa

Madre Divina Quien lee mi corazón
Ábreme los ojos y abre mi mente
Para que vea que Tu y yo hemos sido Una desde el principio.
Que tu amor sublime trabaje a través de mis manos
Y déme, o Madre,
Tu dulzura, para poder estar con el coro angélico.
Ven, ven, o Dulce Madre,
Y esté siempre donde esté yo
Llenando mi casa y mi aura
Con tu rayo valiosísimo. Amén.

Intuid vuestras propias oraciones, queridas mías, y rezad. Hablad con vuestra dulce Madre, es que es dulce y es vuestra. Invítale a vuestros templos encantadores, para que sea Ella quien sostiene el cepillo cuando te estás peinando, igual que lo hizo tu madre quizás cuando eras chica. Entrégate a Su dulzura, porque es tu propia dulzura, sea lo que sea su intensidad. No hay nadie más que Ella.

(En este punto Estelle transmite mensajes a la audiencia. No se dirige a nadie en particular, sino que habla bajo el lema "Al que le venga el sayo que se lo ponga")

Hay alguien entre vosotras que se siente privada de todo derecho, se siente como si le hubieran quitado la alfombra por debajo de los pies de un solo tirón, y no sabe como proceder. Está perdiendo pie y luchando por mantenerse a flote en el agua. Querida mía, te afecta en que estás ganando fuerza. La balsa salvavidas se está acercando ya.

Hay otra aquí que siente que está a punto de cometer un error muy grave, incapaz de parar los cambios. Yo digo que te metas, querida mía, métete, porque lo has creado tú. Ve tu propia película y aprende.

Y hay otra entre vosotras, que ama a un hombre quien no puede amarle a ella igual que ella le ama a él, y sin embargo no tiene más remedio que amarle, como si del agua que da vida a su cuerpo se tratase. Sigue bebiendo, querida mía, sigue bebiendo, estás bebiendo de la fuente misma del amor, agua del manantial. ¿Qué mal puede haber en eso?

Hay otra cuya preocupación es el no ser lo suficientemente espiritual, por mucho que intente serlo. Pero siempre se encuentra a sigo misma mirando ese espejo, y con unas ganas tremendas de ir de compras (riéndose entre dientes). Mira, cariño mío, es que son demasiadas vidas anteriores vividas en el convento, sabes. ¡Adelante entonces y de compras! Venga, encuentra el balance. Encuéntralo.

Y hay una entre vosotras que no ha sido entendido para nada por sus seres queridos. Le han acusado de cosas. Ella ha dicho esto y el otro y más cosas. No viene de ellos, querida mía, viene de ti. Vuelve la mirada hacia dentro y descubre ahí el origen del asunto, y tendrás paz. Los demás son meros actores en tu propia obra de teatro.

Hay otra aquí presente, que es conciente que algo falta en su vida, aunque en las cosas del mundo le va muy bien, y a primera vista le va bien en el sentido espiritual incluso. Te lo confirmo. Falta algo. ¿Ese algo qué es? Devoción. Se llama devoción. Te falta el amor por la deidad. No estás enamorada de Dios. Sabes de Él y hablas de Él, pero no has dejado que entrara en tu corazón hasta tal punto que nada más pensar en Él te saltan las lágrimas y vas corriendo hacia el altar más cercano para arrodillarte ante de Él. Así que no tiene cura, cariño mío, tiene que ver con amor por la deidad.

Y hay otra aquí que siente que toda le va bien en su mundo y que está en paz con todo. No tengo mucho que decirle a ella.

Otra se está preguntando cuándo, o cuándo va aparecer por fin ese príncipe azul tan esperado. Sigue preguntándotelo, cariño mío, porque el preguntártelo es el imán, y él está más cerca de lo que piensas.

Hay otra aquí presente, que ha ido de un romance a otro, como otros cambian de pueblo cuando no les gusta. Y se está preguntando cuándo le va a tocar el gordo por fin. Quizás haya llegado el momento de dejar de buscar. Quizás sea hora de no viajar más, un pequeño descanso digamos, para conocer mejor tu propio corazón y ponerte cómoda en tu casa, crear un hogar, esté donde esté. Y verás como entonces se acercará, porque en esencia ya lo estás viviendo.

Y también hay una aquí que se siente incomprendida por todo el mundo, nadie nunca le ha entendido. Pues le toca a ella entenderse a sigo misma, y cuando lo consiga, pero conseguir de verdad, el sentirse comprendida por lo demás, o no comprendida, perderá toda importancia. Verás como te van a entender.

También tenemos a alguien aquí incapaz de quitarse encima ese barniz de sofisticación. ¡Que fina y correcta es! Nunca le pisotea a nadie. Siempre cumpliendo, haciendo caso omiso de sus sentimientos. Y buscando espiritualidad de la más pura mientras. Nada malo en ello, pero quizás no sería mala idea indagar un poco esa parte de su ser que está deseando romper el molde, que pide a voces que se sacuda la tierra, que quiere causar la tormenta , es decir, hacer lo que haga falta para poder seguir el camino de su evolución.

Y otra tiene al miedo como su fiel compañero. Una especie de parálisis tan real como si en una silla de ruedas estuviera. Hay que enfrentarse a ello, cariño mío. Pero ella dice "No sé lo que es. Es miedo a lo desconocido." Y yo te digo que simplemente es un bosque y que no te has aventurado a entrar bien en él, bosque de un solo camino llamado meditación.

Otra hay que se considera a si misma muy espiritual. Y lo es. Lo es. Y esto no quita que en el más profundo de su ser le preocupa que no está tan lejos como ella piensa que está. Yo digo que lo aceptes. Estás donde estás, acepta la corona y quita de en medio ya esa falsa modestia. Sé la reina que realmente eres. Espejo, espejo en la pared, ¿quién es la más bella de todas? Pues, tú. ¿No te lo crees? Pues es así. Deja que la Madre Divina susurre en tu oído Su verdad, que eres tú, tú, la Reina del baile. El papel es tuyo y que no te avergüences. ¿No es el destino de todas?

Que Dios os bendiga, queridos almas, hombres y mujeres. Disfrutad la liberación que está en camino. Participad en ella y sabed que los que están mirando desde su mirador os conocen a cada uno de vosotros. Hasta el número de pelos en tu cabeza, y que ha sido una gran alegría y un gran placer hablaros esta noche, y que a partir de ahora abráis vuestras bocas y habléis, cantéis, gritéis, y os alegréis. Nada os puede parar. Os quiero a todos.

Entregado a través del médium el día 31 de julio 1.998

 


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